Saludos, coleguillas internautas del ciberespacio. ¿Cómo os va navegando por la red? Antes decíamos surfeando la web, ya sabéis, en aquellos maravillosos noventa.
Nosotros aún seguimos adaptándonos a este nuevo milenio lleno de maldades y diabólicos robots asesinos. Hemos sufrido grandes cambios durante esta década: la caída de la URSS, La Guerra del Golfo, la desintegración de Yugoslavia, los Del Río triunfando con La Macarena... Ha sido duro dejar marchar a tantos grandes ídolos e iconos de los noventa, que nos robaron el corazón y endulzaron nuestra infancia de múltiples formas.
| Leticia Sabater, el mayor referente de nuestra era |
Aquí seguimos intentando no olvidar todo eso que dejamos atrás cuando los ordenadores decidieron volverse locos y dejar de obedecer a sus padres humanos. En mi caso, sufrí el Efecto Chuzausen en mis propias carnes, cuando yendo a ver una película al cine las butacas estaban mal numeradas y muchas entradas habían sido duplicadas. La situación se tornó apocalíptica: disturbios en la tienda de palomitas, cócteles molotov... Finalmente, tras cruzar palabras diplomáticas con el resto de personas de la sala, conseguimos sentarnos todos con una sonrisa de suficiencia. Cuando apagaron las luces un viento huracanado arrancó el techo y un pterodáctilo se llevó a una mujer embarazada de 7 meses. Pero pudimos ver la película, algo es algo. Recuerdo que era “Rescate explosivo”, con una grandísima interpretación de Dennis Rodman.
| El Efecto 2000 en Dennis Rodman |
Los noventa eran amor-odio, hasta que los dejamos atrás: entonces fueron mucho más amor que odio, porque los 2000, colegas, no son cosa fina. Por ejemplo: EL GRINCH, como película de los 2000, si es que se puede llamar película. Vaya truñaco.
| Empezamos bien el jodido milenio |
Mientras nos recuperamos de la resaca del Efecto 2000, iremos desgranando nuestras vivencias en este turbulento milenio, recordando el pasado agridulce y preparando a los que nos leen desde sus casas para los acontecimientos que les esperan. Tampoco nos pidáis mucho, que somos hijos de la LOGSE.
En fín, Serafín. ¡Hasta la vista, trapecista!
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